
Nos movemos en un mundo competitivo, constantemente buscamos la manera de mejorar las cosas, cambiar nuestro estilo de vida y en general, tratar de ser mejor que los demás.
El espíritu de competencia está presente en todos nosotros quizá como un factor que ha ayudado a nuestra evolución y perfeccionamiento, eliminando de manera natural aquellos individuos que no presentan las condiciones adecuadas para sembrar la semilla de las nuevas generaciones.
Este tipo de competencia es fácil de percibir en el ámbito deportivo. Un derroche de fuerza, agilidad o destreza es la constante en cualquier competencia deportiva, sin embargo hoy nos movemos un mundo donde la información, su uso y la capacidad de análisis juega un papel muy importante. Una sociedad del conocimiento.
Es allí donde se presenta el fenómeno donde los individuos aún siguen compitiendo, pero esta vez por demostrar quién es el más inteligente, el que inventa mejores soluciones... el que más sabe.
Aunque en el aprendizaje no es tan común ver este tipo de competencia sí es muy común el encontrar como algún estudiante que conoce un tema determinado o sabe algunos trucos importantes para agilizar determinada tarea le cuesta dificultad compartirlos con los demás, o en su defecto, segmenta a aquellos a quienes desea transmitir ese conocimiento depositándolo por ejemplo en algunos de sus amigos o grupo de estudio. En este último caso, también presente el espiritu de competencia (puede que inconsciente) buscando su reconocimiento entre los compañeros.
Es allí donde los formadores debemos intervenir y enseñar a nuestros estudiantes la importancia de compartir entre ellos, de ser competitivos como equipo y de no dejar atrás a nadie. A diario en el desarrollo de nuestras labores compartimos lo que sabemos con aquellos que atentamente toman nota de lo que decimos, sin embargo, en pocas ocasiones nos preocupamos por entregar algo más que los contenidos, pocas veces nos preocupamos por generar en los estudiantes el espíritu de compartir con otros lo que se sabe y ayudar a construir conocimiento de manera conjunta.
El aprendizaje colaborativo permite que los compañeros conformen una verdadera comunidad de estudio, compartiendo ideas y debatiendo objetivamente. Se busca que ellos mismos provean soluciones mas no darlas y sobretodo ayudar a la interacción entre ellos sabiendo hacer y tambien ser.
Como docentes tenermos que formar y crear el entorno adecuado para que nuestros estudiantes logren un aprendizaje colaborativo, desarrollando actitudes y valores en equipo, ayudando al aprendizaje conjunto y no individual, siendo líderes que busquen el reconocimiento grupal.
El espíritu de competencia está presente en todos nosotros quizá como un factor que ha ayudado a nuestra evolución y perfeccionamiento, eliminando de manera natural aquellos individuos que no presentan las condiciones adecuadas para sembrar la semilla de las nuevas generaciones.
Este tipo de competencia es fácil de percibir en el ámbito deportivo. Un derroche de fuerza, agilidad o destreza es la constante en cualquier competencia deportiva, sin embargo hoy nos movemos un mundo donde la información, su uso y la capacidad de análisis juega un papel muy importante. Una sociedad del conocimiento.
Es allí donde se presenta el fenómeno donde los individuos aún siguen compitiendo, pero esta vez por demostrar quién es el más inteligente, el que inventa mejores soluciones... el que más sabe.
Aunque en el aprendizaje no es tan común ver este tipo de competencia sí es muy común el encontrar como algún estudiante que conoce un tema determinado o sabe algunos trucos importantes para agilizar determinada tarea le cuesta dificultad compartirlos con los demás, o en su defecto, segmenta a aquellos a quienes desea transmitir ese conocimiento depositándolo por ejemplo en algunos de sus amigos o grupo de estudio. En este último caso, también presente el espiritu de competencia (puede que inconsciente) buscando su reconocimiento entre los compañeros.
Es allí donde los formadores debemos intervenir y enseñar a nuestros estudiantes la importancia de compartir entre ellos, de ser competitivos como equipo y de no dejar atrás a nadie. A diario en el desarrollo de nuestras labores compartimos lo que sabemos con aquellos que atentamente toman nota de lo que decimos, sin embargo, en pocas ocasiones nos preocupamos por entregar algo más que los contenidos, pocas veces nos preocupamos por generar en los estudiantes el espíritu de compartir con otros lo que se sabe y ayudar a construir conocimiento de manera conjunta.
El aprendizaje colaborativo permite que los compañeros conformen una verdadera comunidad de estudio, compartiendo ideas y debatiendo objetivamente. Se busca que ellos mismos provean soluciones mas no darlas y sobretodo ayudar a la interacción entre ellos sabiendo hacer y tambien ser.
Como docentes tenermos que formar y crear el entorno adecuado para que nuestros estudiantes logren un aprendizaje colaborativo, desarrollando actitudes y valores en equipo, ayudando al aprendizaje conjunto y no individual, siendo líderes que busquen el reconocimiento grupal.
1 comentario:
Hola Jesús, acertadas reflexiones dejas en el blog, sin duda la competitividad es un aspecto muy común en nuestra sociedad, y ciertamente somos nosotros los educadores, quienes podemos ir cambiando el rumbo de la historia, impartiendo además de conocimientos, también valores, para erradicar este pensamiento individualista de nuestros jóvenes, está es la mejor forma de construir una mejor sociedad.
Como formadores, no podemos fomentar el individualismos, tampoco premiarlo, como mencionas es nuestro deber crear espacios donde los estudiantes se sientan motivados para ayudar a sus compañeros, incluso se puede recompensar este tipo de acciones, para acostumbrarlos al trabajo colaborativo.
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